ZOOLOGICO DE MALLASA:
UN ROSARIO DE DESACIERTOS
Anakarlem Mercado,Saúl A.Maldonado P
Cuando no existe planificación no hay un sentido de orientación. Y cuando no hay un norte que seguir solo hay que esperar milagros. Los ciudadanos contribuimos al mantenimiento de jugosos y nada envidiables salarios de burócratas ediles que, lamentablemente, desde siempre, no trabajan con la vocación de servicio que debiera ser la costumbre funcionaria. Altos ingresos no corresponden a las expectativas de la sociedad civil. Estamos siendo burlados, engañados por estafadores que solo hablan, prometen pero, nada de acciones concretas, menos de planes. Se pierde el tiempo al solicitarles por lo menos sentido común.
¿Cuánto se avanzó desde que los animales fueron trasladados del centro de la ciudad hacia la zona sur?. ¿Habrá existido avance o solo es una esperanza diluida?
En 1993, en septiembre 21, fue inaugurado ostentosamente el zoológico de Mallasa. Las declaraciones de las entonces, autoridades ediles prometían un trato diferente al que se otorgaba a los animales en la zona de Santa Bárbara.
El resultado fue un efectivismo publicitario; inversión de recursos de los contribuyentes en un despliegue propagandístico que no tuvo su repercusión sostenible en el corto, mediano y largo plazo.
A su turno, cada una de las gestiones municipales solo respondieron con promesas largamente incumplidas; es más no hubo el interés por demostrar que primero haya una buena administración; segundo el trato a los animales fue deplorable por varios factores. En ese contexto de administración casi siempre festinatoria, no se visualizó un plan por generar valor agregado y reciclar los ingresos.
El doloroso encierro en jaulas no acondicionadas, seguramente provocó y provoca en los animales un sufrimiento indescriptible y el estrés; basta solamente recordar las condiciones generalmente insalubres.
Los visitantes, niños, jóvenes y mayores constataban un mal olor proveniente de las jaulas; comida en descomposición, agua que se volvía imbebible si es que no estaba agotada en los recipientes; basura que parece no se recogía y era adicionada por voluntad y el maltrato también de parte de los ocasionales visitantes.
Los animales al haber sido extraídos de su hábitat natural y obligados a vivir en encierro debieron modificar sus instintos y dignidad, porque el zoológico de Mallasa jamás fue el supuesto repositorio de vida salvaje, tal cual se define a un espacio de exhibición de este tipo.
Imaginemos sólo por un momento: ¿qué clase de transferencia de valores de respeto a la naturaleza y a los animales puede recibir un niño o un joven?, si como costumbre se mostró un trato cruel e inhumano en el encierro permanente y, por si fuera poco, el hostigamiento, desprecio y no me importismo de los visitantes. Y si a ello agregamos la secular falta de información, salvo excepciones, tenemos la evidencia de un cuadro de situación que provocaría un llanto de impotencia.
Nuevamente se conoce de la suma de desaciertos en los que incurre la actual administración edilicia. Uno de ellos, con explicaciones confusas, digno de quienes inventan argumentos de novela, pero sin un buen nivel de discernimiento, indica que “probablemente una jauría de perros salvajes” habría matado a 16 animales que habitaban en el Zoológico de Mallasa.
Falaz argumento que puede ser rebatido por veterinarios o profesionales dedicados al tema, pero, principalmente por la vergonzante falta de sentido común.
¿Será que los perros se vuelven salvajes por consumir desperdicios del botadero municipal y que los desechos tóxicos provocan alteraciones en su comportamiento tornándoles en asesinos incluso de uno de los leones?.
Tres días para la muerte de 16 animales. Tres días de inercia contemplativa. Tres días para inventar una explicación que no convence. Poco tiempo frente al sufrimiento constante de los animales.
Asumamos como verídica la versión: ¿Porqué no se optimizó los recursos municipales en beneficio de un centro de esparcimiento como es el Zoológico de Mallasa?. ¿O es que hay que pensar por los ejecutivos y los asesores?. Si es así aquí se plantea un avance de solución: Suprimir Unidades de Protocolo y parte de Relaciones Públicas que solo consumen presupuesto y no producen, son ineficientes, innecesarias, son prescindibles, al menos en este tiempo del Internet. Ahí tenemos un ahorro sustancial que bien podría ser utilizado en el Zoológico de Mallasa o en otros lugares. Y si la misma fórmula se replica en otras instancias, imagínense el ahorro y los recursos disponibles.
UNA ALTERNATIVA
Ante tanto latrocinio, corrupción, ineficiencia, ausencia de planes, infraestructura y servicios adicionales, lo más aconsejable sería cerrar el Zoológico de Mallasa tal cual aconseja la experiencia de la ciudad de Cochabamba, que antes su imposibilidad de mantener un importante centro de recreación, educación y promoción de la vida silvestre, optó por remitir a otros lugares a sus sufrientes muestras. Paradójicamente también a La Paz conociéndose que ningún animal llegado de la ciudad del valle vive por lo menos como muestra.
Se ha mencionado la contratación de dos veterinarios. ¿Para qué?. ¿Volverá algún funcionario seriamente cuestionado?. ¿Se tendrá la perspectiva de dar solución integral al problema?. ¿Estaremos en más de lo mismo o peor?. ¿Hay acaso algún plan coherente?.
Ojalá que ninguna institución seriamente cuestionada por una actitud eutanásica se haga cargo del Zoológico de Mallasa. Y si es así que demuestre su idoneidad, pero principalmente su ética en los manejos de recursos provenientes de ayuda exterior. En otras palabras que se someta a una fiscalización social.
Hay algo raro en este tema. Huele peor que el botadero de Mallasa. Al fin estamos en Bolivia y se cree que todavía es el país de las componendas. Pero no será más así.